jueves, 15 de enero de 2015

Aquel jazz...

Voy a tener que cortarme las puntas de los dedos para no volver a rozar el cielo con ellas. Igual también la de la lengua, para no volver a tenerte ahí que ni sí ni no, ni estás ni dejas de estar.
Porque ya he intentado cortarte a ti, pero eso no funciona; o yo tengo una puntería muy mala o tú eres experto esquivando cuchillos, el caso es que siempre acaban clavados en mi estómago. Y me estoy quedando sin aire y sin soluciones.
Y es que cupido me la ha vuelto a jugar. Esta vez me pilló ahí sentada en la arena observando las olas. Sí, creo que a él le gusta lanzar flechas a la gente que observa. A aquellos que piensan, que viven, que no les molesta la soledad ni la mirada de los demás. A los que se consideran raros, pero que yo calificaría de únicos. Supongo que son más susceptibles al amor.
El caso es que yo estaba sentada en la orilla del mar cuando apuntó y lanzó su flecha y apareciste tú, y me preguntaste si te podías sentar a mi lado y quién iba a decirte que no si tus ojos eran casi más bonitos que el mar. Y esa noche follamos, pero a mi me dio la sensación de que hicimos el amor, porque eso es lo que hace cupido, te envenena para que vivas todo con más amor, más pasión, más rosa. Pero claro, como para decirme a mí que estaba drogada cuando nunca había sentido la realidad tan real.
Por eso ya no sé si realmente fue así, o si era yo la que estaba cegada, o igual tú el que estabas cagado. El caso es que a mí me parecía que estaba en el puto paraíso, y me atrevería a decir que llegamos a ser arte. Sí, sin duda lo fuimos. Crecían amapolas del suelo que pisábamos y hasta los pájaros se callaban para oír el ruido acompasado de nuestros latidos. Parecía que estuviésemos en una película, más que nada por la música de fondo que siempre llegaba en el momento adecuado y correspondía a nuestro estado de ánimo. Como aquella noche que sonó el jazz, aquel jazz... ¿recuerdas lo bien que rimaban nuestros gemidos con aquel jazz?
En realidad prefiero que no respondas a esa pregunta, no vaya a darme cuenta de que estábamos en un sueño en el que en realidad solo estaba yo.
Creo que voy a volver a aquella orilla, a ver si encuentro a cupido y le digo que la próxima vez dosifique mejor esa droga suya para que nadie acabe adicto y necesitado.

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