domingo, 11 de enero de 2015

Buen vuelo

   Estas ahí en la esquina del bar, mirando tus manos como quien contempla un cielo estrellado, sonriendo, jugando con tus pulgares como si mañana fueran a desaparecer. Estas ahí tan por encima de todo, de la soledad y de la compañía, del bien y del mal; tan jodidamente inocente que me dan ganas de follarte aquí mismo para que dejes a un lado tu indiferencia, tan persuasiva que casi me la creo. E inmediatamente lo sé, sé que esta noche va a llenarse de orgasmos y nada quedará ileso, no habrá vuelta atrás.
   Fijo mis ojos en tu actitud, sin reojos ni rodeos, que vamos a quitarle el in a la palabra intacto antes de que él me devore a mí. Noto como poco a poco dejas de jugar con tus dedos y levantas las pupilas hasta que se encuentran con las mías, y un nuevo juego acaba de empezar. Creo que todo el bar puede sentir el terremoto que arrasa mi cuerpo en este instante, creo que todos están mirando nuestra mirada; mejor para ellos, cuántas veces he soñado yo con presenciar una escena de sexo de pupilas. Y yo no sé lo que estarás pensando tú, pero si eso que dicen de que los ojos son el espejo del alma es verdad, tiene que parecer que estoy en celo o que me he vuelto fuego; qué sé yo. Yo solo puedo pensar que el dolor que sintió Jesús en la cruz no es nada comparado con la agonía de tenerte a tantos metros de mí. Pero no apartas la mirada, y eso es bueno, supongo, porque llevamos follándonos de lejos lo que a mí ya me parece una eternidad, y va siendo hora de descubrir tus lunares y rasgarte las ganas.
   Así que te sonrío y empiezo a caminar hacia el baño, paso por tu lado rozándote primaveras y siento mil veranos dentro de mi estómago, y otros mil más al oír el ruido que hace tu silla al levantarte. Muevo mi culo al andar como si estuviese haciéndote un desfile de moda, o más bien de fantasías, solo para ti. Siento tu mirada clavada en él y oigo tus pasos susurrándome pasiones al oído. Aún no nos hemos tocado y parece que estamos llegando al orgasmo, y quiero alargar estos segundos todo lo que pueda, hasta que la electricidad me retuerza los órganos más vitales y no quede más remedio que destruirnos los deseos.
   Abro la puerta del baño de tíos y hay dos o tres meando pero tengo la mente tan turbia que ya no sé ni contar, así que paso de sus miradas y me dirijo a la puerta del váter más lejano, con tal de alargar la espera, aunque esto ya se hace insostenible y mi cabeza está gritando que te quiero ya, que necesito que me demuestres que esto no es un sueño con todo el afán que tengas dentro. Abro la puerta que da a nuestro paraíso y parece que hemos llegado al edén, a la estación final de nuestras ansias; y tu mano me coge la cintura y me aprieta el alma como un disparo de pasión. Tus labios besan mi cuello dejando tatuajes y te susurro que pares, que ese es mi punto débil y como sigas caigo al abismo y te llevo conmigo. Y tú dices que "buen vuelo" mientras me muerdes la oreja, y nunca mis bragas habían estado tan mojadas sin un solo beso. Y dices que me vas a follar y respondo que espero que te hayas aprendido el abecedario, no vayas a acabar fallándome. Te empujo contra la puerta mientras me giro y se vuelven a cruzar nuestros ojos, pero esta vez están tan cerca que se están desnudando. Y yo que a esta distancia me gustas más. Y tú que todavía nos quedan centímetros por recorrer. Y yo que cuando los hayamos matado ya no conseguiré verte, solo podré ver mis gemidos. Y te acercas un poco más. Y tú que me deje de rodeos, y yo que te dejes de palabras. Y así nuestros labios se unen, pero no hay tiempo ni paciencia para la falsa belleza de un primer beso, que no hemos venido a hacernos el amor, sino a follarnos las ganas.

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