miércoles, 14 de enero de 2015

Soñarte

¿Sabes esos minutos entre dormir y despertar, en los que la mente puede más o menos controlar un sueño? Ahí es cuando siempre apareces tú. O más bien, te hago aparecer, porque me gusta la idea de haber soñado contigo. 
No te voy a engañar, la mayoría de las veces nos besamos y follamos, pero siempre acabo despertándome del todo antes del orgasmo. Qué putada. Te lo juro que yo lo intento, intento cerrar los ojos y traerte de vuelta y seguir nuestra fantasía acalorada, pero ya no puedo. 
Puedo imaginarlo, pero no puedo soñarlo. La diferencia es inmensa. La imaginación no es nada comparada al sueño, es lo que el gato al tigre. Misma familia, sí, pero nada que ver. En el sueño dejas de ser tú en la vida común para ser tú en otras realidades, que parecen tan reales. Puedes sentir todo como si fuera real. Por eso me gusta soñarte. Puedo olerte, tocarte, sentir la presión de tu cuerpo sobre el mío, tu aliento, nuestras respiraciones aceleradas, el sudor bajando entre mis pechos, tus labios sobre los míos, mis braguitas mojadas, tus manos haciendo milagros, nuestra fusión. 
Lo malo es que despierto antes de lo normal, y maldigo al que creó el jodido despertar, y te maldigo a ti y maldigo a la vida. Y otra vez me quedo con las ganas.
Voy a tener que ir a buscarte cada mañana, a ver si me terminas.
Pero esta vez en la vida real.

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