domingo, 11 de enero de 2015

Lo que la noche y tú teneis en común

Después de atardecer llega la noche y tras ella aún más noche y parece que nunca se acaba, porque el sol sangra soledad tras las nubes pero nadie lo ve ni lo escucha. Y la luna se ríe a carcajadas de su penosa impotencia y le restriega por los rayos que ella está de noche y de día e incluso se puede esconder tras la sombra de la tierra si quiere ver sin ser vista.
Y es que creo que la oscuridad es una musa con dos caras; que susurra tiernamente que te entregues al papel mientras esnifa cada palabra y se fuma cada signo de interrogación para poder sobrevivir. Por eso ya no pregunto más, porque preguntar es darle vida y darle vida es matarme poco a poco en una noche sin final. Por eso escribo todo lo que quema y luego quemo todo lo que escribo; iluminando sus ojos rojos de adicción, haciendo cenizas la posibilidad de que se alargue su existencia. Y aunque se quede un tiempo más amenazando con beberse las letras de mi sangre, si no me doy por vencida acaba por clarear. Y aunque a la luz se vean más mis ojeras y me explote la cabeza, me calma el pensamiento de que he escapado de sus garras.
Cojo papel y bolígrafo para gritar silencios. Pero ya no encuentro inspiración, y me doy cuenta de lo extraño que es sentir que algunas cosas dan vida y matan al mismo tiempo. 
Como la noche.

Y como tú.

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