martes, 24 de febrero de 2015

única

Sin duda me gustas porque eres única. Pero no lo digo como lo dice la gente, me parece que nadie tiene suficientemente cuidado con el uso de esa palabra. Yo no la había usado hasta que te conocí, y ahora puedo afirmarlo, eres única. Tienes el pelo azul y vas por la vida siendo blanco y negro al mismo tiempo y convirtiéndolo todo en arte, destrozando extremos y enlazando opuestos. Y tienes cada pregunta, que si puede que esta vida sea solo un sueño, que igual el amor no está hecho para durar eternamente, que puede que no tengamos ningún rol en esta existencia. Que si creo que somos milagros, y con esta me has convencido, porque tú eres lo más parecido a un milagro que me ha pasado. Y después de plantearme todas tus dudas existenciales me convences para que me bañe en el mar a las tres de la mañana, y haces de cada momento toda una vida. 
Porque cuando pienso en las personas a las que he amado, podría encontrar a alguien similar para cada una de ellas. Pero tú has roto las reglas, has matado a todos los otros peces del mar, ahora tú eres el mar. Si te pierdo a ti, entonces estoy perdido yo también, condenado a buscarte en cada mujer y no encontrarte jamás, porque eso eres tú: irreemplazable. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Vacío

Estoy desesperada porque estabas en mi sueño y al despertar no había nada y yo no sabía que hacer más que cerrar mis ojos lo más fuerte posible, pero no te vi volver. Y tu mano presionaba mi cintura y aceptaste volver a casa caminando conmigo y bañarte en el mar a altas horas de la noche. Además, que esa electricidad era más real e intensa que cualquier cosa que haya sentido desde hace tiempo en la vida real. Nos delataban las ganas las miradas y los roces, y me besabas el cuello lentamente, y susurrabas poesía. Hasta que todo se volvió tan perfecto que me di cuenta de que solo podía ser un sueño, y al abrir los ojos vi mi cama vacía y no sabes lo que habría dado por volver atrás unos segundos y quedarme ahí a vivir.
Porque si hay algo peor que no tener lo que deseas, es rozarlo con la punta de los dedos. Y esta vez me lo he creído del todo, de principio a fin, esta vez sí que me he quedado calada de nostalgia. Ya tengo suficiente para toda la semana. Que hace ya un par de años que no sé lo que es sentirse amada, ni lo que es amar. Hace mucho que no me invade esa electricidad por dentro y que los centímetros no tienen valor. Y simplemente me pregunto que dónde está mi derecho a amar y ser amada, y cada día lo busco y cada noche lo pierdo. O más bien lo encuentro y lo pierdo al despertar. El vacío va creciendo más y más...

jueves, 15 de enero de 2015

Aquel jazz...

Voy a tener que cortarme las puntas de los dedos para no volver a rozar el cielo con ellas. Igual también la de la lengua, para no volver a tenerte ahí que ni sí ni no, ni estás ni dejas de estar.
Porque ya he intentado cortarte a ti, pero eso no funciona; o yo tengo una puntería muy mala o tú eres experto esquivando cuchillos, el caso es que siempre acaban clavados en mi estómago. Y me estoy quedando sin aire y sin soluciones.
Y es que cupido me la ha vuelto a jugar. Esta vez me pilló ahí sentada en la arena observando las olas. Sí, creo que a él le gusta lanzar flechas a la gente que observa. A aquellos que piensan, que viven, que no les molesta la soledad ni la mirada de los demás. A los que se consideran raros, pero que yo calificaría de únicos. Supongo que son más susceptibles al amor.
El caso es que yo estaba sentada en la orilla del mar cuando apuntó y lanzó su flecha y apareciste tú, y me preguntaste si te podías sentar a mi lado y quién iba a decirte que no si tus ojos eran casi más bonitos que el mar. Y esa noche follamos, pero a mi me dio la sensación de que hicimos el amor, porque eso es lo que hace cupido, te envenena para que vivas todo con más amor, más pasión, más rosa. Pero claro, como para decirme a mí que estaba drogada cuando nunca había sentido la realidad tan real.
Por eso ya no sé si realmente fue así, o si era yo la que estaba cegada, o igual tú el que estabas cagado. El caso es que a mí me parecía que estaba en el puto paraíso, y me atrevería a decir que llegamos a ser arte. Sí, sin duda lo fuimos. Crecían amapolas del suelo que pisábamos y hasta los pájaros se callaban para oír el ruido acompasado de nuestros latidos. Parecía que estuviésemos en una película, más que nada por la música de fondo que siempre llegaba en el momento adecuado y correspondía a nuestro estado de ánimo. Como aquella noche que sonó el jazz, aquel jazz... ¿recuerdas lo bien que rimaban nuestros gemidos con aquel jazz?
En realidad prefiero que no respondas a esa pregunta, no vaya a darme cuenta de que estábamos en un sueño en el que en realidad solo estaba yo.
Creo que voy a volver a aquella orilla, a ver si encuentro a cupido y le digo que la próxima vez dosifique mejor esa droga suya para que nadie acabe adicto y necesitado.

miércoles, 14 de enero de 2015

Soñarte

¿Sabes esos minutos entre dormir y despertar, en los que la mente puede más o menos controlar un sueño? Ahí es cuando siempre apareces tú. O más bien, te hago aparecer, porque me gusta la idea de haber soñado contigo. 
No te voy a engañar, la mayoría de las veces nos besamos y follamos, pero siempre acabo despertándome del todo antes del orgasmo. Qué putada. Te lo juro que yo lo intento, intento cerrar los ojos y traerte de vuelta y seguir nuestra fantasía acalorada, pero ya no puedo. 
Puedo imaginarlo, pero no puedo soñarlo. La diferencia es inmensa. La imaginación no es nada comparada al sueño, es lo que el gato al tigre. Misma familia, sí, pero nada que ver. En el sueño dejas de ser tú en la vida común para ser tú en otras realidades, que parecen tan reales. Puedes sentir todo como si fuera real. Por eso me gusta soñarte. Puedo olerte, tocarte, sentir la presión de tu cuerpo sobre el mío, tu aliento, nuestras respiraciones aceleradas, el sudor bajando entre mis pechos, tus labios sobre los míos, mis braguitas mojadas, tus manos haciendo milagros, nuestra fusión. 
Lo malo es que despierto antes de lo normal, y maldigo al que creó el jodido despertar, y te maldigo a ti y maldigo a la vida. Y otra vez me quedo con las ganas.
Voy a tener que ir a buscarte cada mañana, a ver si me terminas.
Pero esta vez en la vida real.

martes, 13 de enero de 2015

Diccionario de ti

Nunca tuve muy claro qué es lo correcto,
Si sintigo o con ti.
Nadie me dio un diccionario de ti.

Igual los dos son incorrectos,
Y en ese caso
Estoy jodida.
Y perdida.

lunes, 12 de enero de 2015

Un poco loca, quizás.

A veces me pregunto si tú haces lo mismo.

Si al sentarnos en un metro me miras de reojo y empiezas a imaginar cómo es mi vida, cuales son mis miedos más profundos, cuál ha sido el momento más feliz de mi vida, en qué instante he brillado como la luz de el sol y cuantas veces me he apagado y me he vuelto ceniza; si empiezas a imaginar lo qué estoy pensando y qué música estoy escuchando, y si me gusta la poesía. Y te acabas enamorando de la chica que tienes al lado sin una sola palabra.

Si cuando me ves reír te quedas mirándome alucinado, como si una estrella fugaz acabase de pasar; y ya no apartas los ojos de mí porque el instante es demasiado bonito como para salir de él.

Si imaginas cómo sería estar solos en ese vagón, que nos mirásemos, nos acercásemos y nos follásemos ahí mismo. Cómo sería llegar al orgasmo conmigo y qué sabor tendríamos.

Si piensas en bajarte en la misma parada que yo y seguirme a casa y quedarte a vivir en el banco de delante de mi portal para poder desearme los buenos días cada mañana y así ser motivo de mi sonrisa.


Pero luego entro en razón, y me acuerdo de que yo soy muy soñadora,
un poco poeta,
un poco rara.
Un poco loca, quizás.

domingo, 11 de enero de 2015

Lo que la noche y tú teneis en común

Después de atardecer llega la noche y tras ella aún más noche y parece que nunca se acaba, porque el sol sangra soledad tras las nubes pero nadie lo ve ni lo escucha. Y la luna se ríe a carcajadas de su penosa impotencia y le restriega por los rayos que ella está de noche y de día e incluso se puede esconder tras la sombra de la tierra si quiere ver sin ser vista.
Y es que creo que la oscuridad es una musa con dos caras; que susurra tiernamente que te entregues al papel mientras esnifa cada palabra y se fuma cada signo de interrogación para poder sobrevivir. Por eso ya no pregunto más, porque preguntar es darle vida y darle vida es matarme poco a poco en una noche sin final. Por eso escribo todo lo que quema y luego quemo todo lo que escribo; iluminando sus ojos rojos de adicción, haciendo cenizas la posibilidad de que se alargue su existencia. Y aunque se quede un tiempo más amenazando con beberse las letras de mi sangre, si no me doy por vencida acaba por clarear. Y aunque a la luz se vean más mis ojeras y me explote la cabeza, me calma el pensamiento de que he escapado de sus garras.
Cojo papel y bolígrafo para gritar silencios. Pero ya no encuentro inspiración, y me doy cuenta de lo extraño que es sentir que algunas cosas dan vida y matan al mismo tiempo. 
Como la noche.

Y como tú.

Buen vuelo

   Estas ahí en la esquina del bar, mirando tus manos como quien contempla un cielo estrellado, sonriendo, jugando con tus pulgares como si mañana fueran a desaparecer. Estas ahí tan por encima de todo, de la soledad y de la compañía, del bien y del mal; tan jodidamente inocente que me dan ganas de follarte aquí mismo para que dejes a un lado tu indiferencia, tan persuasiva que casi me la creo. E inmediatamente lo sé, sé que esta noche va a llenarse de orgasmos y nada quedará ileso, no habrá vuelta atrás.
   Fijo mis ojos en tu actitud, sin reojos ni rodeos, que vamos a quitarle el in a la palabra intacto antes de que él me devore a mí. Noto como poco a poco dejas de jugar con tus dedos y levantas las pupilas hasta que se encuentran con las mías, y un nuevo juego acaba de empezar. Creo que todo el bar puede sentir el terremoto que arrasa mi cuerpo en este instante, creo que todos están mirando nuestra mirada; mejor para ellos, cuántas veces he soñado yo con presenciar una escena de sexo de pupilas. Y yo no sé lo que estarás pensando tú, pero si eso que dicen de que los ojos son el espejo del alma es verdad, tiene que parecer que estoy en celo o que me he vuelto fuego; qué sé yo. Yo solo puedo pensar que el dolor que sintió Jesús en la cruz no es nada comparado con la agonía de tenerte a tantos metros de mí. Pero no apartas la mirada, y eso es bueno, supongo, porque llevamos follándonos de lejos lo que a mí ya me parece una eternidad, y va siendo hora de descubrir tus lunares y rasgarte las ganas.
   Así que te sonrío y empiezo a caminar hacia el baño, paso por tu lado rozándote primaveras y siento mil veranos dentro de mi estómago, y otros mil más al oír el ruido que hace tu silla al levantarte. Muevo mi culo al andar como si estuviese haciéndote un desfile de moda, o más bien de fantasías, solo para ti. Siento tu mirada clavada en él y oigo tus pasos susurrándome pasiones al oído. Aún no nos hemos tocado y parece que estamos llegando al orgasmo, y quiero alargar estos segundos todo lo que pueda, hasta que la electricidad me retuerza los órganos más vitales y no quede más remedio que destruirnos los deseos.
   Abro la puerta del baño de tíos y hay dos o tres meando pero tengo la mente tan turbia que ya no sé ni contar, así que paso de sus miradas y me dirijo a la puerta del váter más lejano, con tal de alargar la espera, aunque esto ya se hace insostenible y mi cabeza está gritando que te quiero ya, que necesito que me demuestres que esto no es un sueño con todo el afán que tengas dentro. Abro la puerta que da a nuestro paraíso y parece que hemos llegado al edén, a la estación final de nuestras ansias; y tu mano me coge la cintura y me aprieta el alma como un disparo de pasión. Tus labios besan mi cuello dejando tatuajes y te susurro que pares, que ese es mi punto débil y como sigas caigo al abismo y te llevo conmigo. Y tú dices que "buen vuelo" mientras me muerdes la oreja, y nunca mis bragas habían estado tan mojadas sin un solo beso. Y dices que me vas a follar y respondo que espero que te hayas aprendido el abecedario, no vayas a acabar fallándome. Te empujo contra la puerta mientras me giro y se vuelven a cruzar nuestros ojos, pero esta vez están tan cerca que se están desnudando. Y yo que a esta distancia me gustas más. Y tú que todavía nos quedan centímetros por recorrer. Y yo que cuando los hayamos matado ya no conseguiré verte, solo podré ver mis gemidos. Y te acercas un poco más. Y tú que me deje de rodeos, y yo que te dejes de palabras. Y así nuestros labios se unen, pero no hay tiempo ni paciencia para la falsa belleza de un primer beso, que no hemos venido a hacernos el amor, sino a follarnos las ganas.

sábado, 10 de enero de 2015

Me faltas

"Hogar, dulce hogar", dice mi cabeza.
Pero mi corazón llora, y protesta con gritos mudos que no, que este no es nuestro hogar.
Y es que me está diciendo que desde que está en esta ciudad se siente vacío y triste, como un pinguino abandonado en la montaña. Que se está inundando de "teechodemenos" y que dentro de poco ya no podrá ni respirar.
Y ahora empiezo a entender, que hogar es donde estés tú, y nada más. Porque tú siempre has tenido esa capacidad de hacer de una simple esquina el recodo más agradable de todo el camino, en el que acamparía toda la vida. Porque tú me haces sentir tan a gusto, tan yo misma, tan completa. Sin rodeos ni apariencias. Y cuando tú no estás, pues yo tampoco estoy entera. Y entonces empiezo a entender por qué los franceses utilizan "tu me manques" para decir "te echo de menos". Es bonito, ¿eh?, "me faltas". Porque "te echo de menos" es una acción, pero "me faltas" es un vacío.

Sin embargo, a mi corazón no le va a quedar más remedio que callarse e intentar nadar en este océano de nostalgia, e ir acostumbrándose de nuevo a tenerte lejos. Qué puta, eh, la distancia. Porque el tiempo, bueno, el tiempo se puede alargar, estirar, parar, hacer más corto. Pero la distancia, ella sí que no se da nunca por vencida. Me hace sentir tan pequeña e impotente.
Y el no poder abrazarte hasta dios-sabe-cuando me rompe el alma y la arroja a un agujero negro.

Me faltas, mamá.

viernes, 9 de enero de 2015

Yo mataría estrellas por ti.

Yo lo que pienso es que eso que dice la gente, eso de: "yo mataría monstruos por ti", es una mierda. Porque monstruos mataría cualquier cobarde con tal de dormir tranquilo. Todo el mundo querría deshacerse de lo malo, eso no tiene ningún mérito.
Pero nadie habla de abandonar lo bonito. Los pequeños detalles que te hacen feliz, porque eso es la felicidad, ¿no?, pequeños momentos en los que te sientes eterno, en los que el universo se hace minúsculo y tienes el mundo en tus manos.
Yo abandonaría el café de las siete de la mañana por ti.
El dibujar en la playa con música de fondo.
Los milagros de Silvio Rodriguez y de Sabina.
Los macarrones gratinados.
La siesta.
Mi casa de infancia en la que reí tanto.
Los domingos al sol.
Las películas en noches de invierno metida bajo una manta.
El quedarme en la cama media hora más.
El leer cada noche antes de dormir.
Los paseos por la orilla de la playa.
El encontrar a un viejo amigo.
Los abrazos.
Las palomitas de colores.
El observar el océano y como las olas nacen y mueren.
El amanecer.
El atardecer.

Yo mataría estrellas por ti.

Recuerdos

Recuerdo que me decías que nunca seríamos recuerdo. Recuerdo que podíamos conquistar el mundo entero desde nuestra cama. Recuerdo que nos merendábamos los días dibujando nuestras siluetas sobre las sábanas, sin pincel ni nada, solo con miradas. Recuerdo que hacíamos el amor a todas horas, que latíamos como disparos, que nunca pusimos los pies sobre la tierra porque nos gustaba volar muy alto, tan alto que nos volvíamos constelación. Recuerdo que nadie nos vió por ahí abajo durante mucho tiempo, o al menos lo que a mí me pareció ser mucho tiempo; porque alargábamos los minutos eternamente, hasta que nos rogaban que les dejásemos seguir su paso. Y es que ¿para qué bajar si se está tan cómodo, tan ligero, ahí en las nubes? Recuerdo que desayunábamos café doble con algodón de azúcar, o de sueños, qué sé yo. Recuerdo que devorábamos libros y hacíamos poesía con nuestras manos; que todo lo que tocábamos se convertía en amapola, así que no nos quedó mas remedio que tocarnos el uno al otro. Y recuerdo que eso hicimos, y mucho. Recuerdo que jugábamos con fuego y explotábamos cada vez que nuestros labios se juntaban, que no nos cansamos de fusionar en cada portal, en cada farola. Recuerdo que éramos tan guapos, tan libres, tan arte. Recuerdo que me decías que nunca seríamos recuerdo.

A veces duelen tanto, los recuerdos, que preferiría no tener memoria ninguna.

jueves, 8 de enero de 2015

Un par.

Con lo que me gusta a mí coordinar nuestras respiraciones y que nuestros cuerpos suban y bajen al mismo ritmo. Y sentir esa cadencia en nuestra piel (porque se ha vuelto nuestra, y no tuya y mía). Y darme cuenta de lo ridículamente infinitos que somos (porque nos hemos vuelto nosotros, y no tú y yo). 
Sí, creo que ya hemos dejado de ser 'dos', que ahora somos 'un par'. Un par, y todo lo que conlleva: que nos necesitamos; que el uno sin el otro ya no tenemos sentido.

miércoles, 7 de enero de 2015

¿?

Dices que tú ya sabías que no iba a funcionar.
Y yo pienso que igual no funcionó porque dijiste que ya lo sabías.

No sé si valdrá la pena, pero la alegría seguro que sí.

Pero quién se atrevería a decirte que no cuando pasas por aquí mendigando caricias y robándole flores a la primavera. Tan contradictorio, con tu cara de "no he roto un plato en mi vida" y tu mirada rompiéndome en pedacitos. Con esa manía que tienes de hacer que todo parezca tan bonito, tan arte, tan tuyo. Tan tú y yo.
Pues eso, que voy a decirte que sí, a ver si se dejan ver esos hoyuelos. Porque lo extraño es que cuando sonríes, sonrío yo también, y todas las frases se hacen poema y todos los sonidos se hacen canción; y yo no sé si valdrá la pena, pero la alegría seguro que sí.



                                                                                                                             Cuando atardece.