viernes, 9 de enero de 2015

Recuerdos

Recuerdo que me decías que nunca seríamos recuerdo. Recuerdo que podíamos conquistar el mundo entero desde nuestra cama. Recuerdo que nos merendábamos los días dibujando nuestras siluetas sobre las sábanas, sin pincel ni nada, solo con miradas. Recuerdo que hacíamos el amor a todas horas, que latíamos como disparos, que nunca pusimos los pies sobre la tierra porque nos gustaba volar muy alto, tan alto que nos volvíamos constelación. Recuerdo que nadie nos vió por ahí abajo durante mucho tiempo, o al menos lo que a mí me pareció ser mucho tiempo; porque alargábamos los minutos eternamente, hasta que nos rogaban que les dejásemos seguir su paso. Y es que ¿para qué bajar si se está tan cómodo, tan ligero, ahí en las nubes? Recuerdo que desayunábamos café doble con algodón de azúcar, o de sueños, qué sé yo. Recuerdo que devorábamos libros y hacíamos poesía con nuestras manos; que todo lo que tocábamos se convertía en amapola, así que no nos quedó mas remedio que tocarnos el uno al otro. Y recuerdo que eso hicimos, y mucho. Recuerdo que jugábamos con fuego y explotábamos cada vez que nuestros labios se juntaban, que no nos cansamos de fusionar en cada portal, en cada farola. Recuerdo que éramos tan guapos, tan libres, tan arte. Recuerdo que me decías que nunca seríamos recuerdo.

A veces duelen tanto, los recuerdos, que preferiría no tener memoria ninguna.

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